El jardinero que no tiene pasado lo descubrimos o en el
jardín de una casa o frente al televisor. Nunca aprendió a leer ni a escribir,
todo lo que sabe lo conoce por las plantas y la TV, y aún así termina
convirtiéndose en el consejero del presidente y en una figura mediática del que
se conoce apenas el apellido Gardiner. Lo que sabe le ayuda a comprender el
mundo, su pequeño mundo delimitado por la
influencia de lo que ha visto en la pantalla. Cuando tiene que salir de
la casa en la que vivió siempre, sólo lleva su maleta, el control del televisor,
y los pies y la voz para preguntar si alguien necesita un jardinero.
Lo único que sabe Chance es que le gusta ver televisión.
Cuando se le ve frente al televisor para él no existe nada más y sólo a partir
de las imágenes y los sonidos que emite la pantalla, él se relaciona con el
mundo exterior aunque nunca haya salido de la casa. No sabe qué es el amor, ni
el sexo, ni la economía, no podría dar una definición técnica o conceptual de
cada elemento de la vida, aunque la gente “importante” crea y asegure que él ha
estudiado ocho idiomas con los que seguramente podría decir ocho veces de
manera distinta la palabra economía. Le
da un beso a Eve imitando una escena que presentan en la TV. Y le soluciona las
dudas económicas al presidente hablándole del ciclo natural de la vida de una
planta que cambia dependiendo de las estaciones del año. Si le preguntan
si quiere o le gusta un auto él responde
acorde a su estado, a su sensación. Ha
vivido junto a la pantalla, y su cúmulo de experiencias se resumen en la
cantidad de sensaciones momentáneas que le ha generado determinada programación
hasta el instante en que se aburre y cambia de canal. Por eso los cambios de su
vida, que no siente profundos ni trascendentales, están relacionados con la manera
superflua como han transcurrido su días, si algo no le gusta sólo se trata de jugar al zapping.
El personaje es una caricatura del televidente fanático, del espectador que reduce su vida al entretenimiento que le ofrece la pantalla, y
que nunca sale de casa porque para enterarse y no enterarse de lo que sucede afuera tiene el televisor en cualquier rincón.
Chance tiene un mundo construido con los referentes de cada programa, película
o comercial que ve, vive acorde a lo que aprendió viendo en la pantalla, y en
medio de la forma tranquila y sencilla en la que concibe su vida,
también es un ser solitario que no sabe mucho de los otros habitantes de la
tierra, que no tiene relaciones fuertes ni vínculos afectivos con otros, que no
está enterado que es un humano más allá
de lo que le exige su cuerpo, y en especial sus ojos. Sólo imita, actúa y juega dependiendo de lo que quiere en
cada momento como un niño. No se detiene a pensar quién es ni le importa, sólo deja que todo suceda y
cuando algo no le gusta controla con un botón y cambia el canal.

Chance es un hijo de la época audiovisual que no necesitó nunca salir de su casa porque el mundo lo
tenía en la sala, en la habitación y en la cocina a través de la pantalla. Él es una representación de la sociedad
idiotizada y controlada por los mensajes que emite la televisión, sociedad de
seres solitarios que saben de los otros a través de los que entretienen en un
programa, y del exterior, a través de mensajes publicitarios. Por eso aunque
Chance haya visto el mundo dentro de una caja, cuando sale de casa, no logra
reconocerlo ni hallarse en él, pasea por las calles como un extranjero curioso
que va de paso, y sólo se queda a gusto en el lugar donde tiene asegurada la
posibilidad de controlar su vida presionando una tecla.
Ben le dice a Chance que es su amigo porque es de los poco
hombres que tiene el “don de ser natural”. El jardinero se sorprende al entrar
a un ascensor, todo lo que conoce lo vio siempre en el televisor y al entrar en
contacto con el mundo, al palparlo y caminar sobre él, se sorprende con el
asombro de un niño, comportamiento que resulta absurdo e incomprensible para
quienes un ascensor es un elemento constante en la cotidianidad. En el mundo de
Ben, un hombre que dice tranquilamente lo que piensa y siente en cada momento
de la vida sin detenerse en lo que es prudente, pertinente o correcto, y que se
entusiasma por conocer al presidente porque lo ha visto en la televisión más
que porque sea el presidente; es una excepción que lo lleva a repensar en sus
últimos días de agonía que “la vida es un estado de ánimo”. Chance por otra parte, sabe de la
muerte de Ben como de la muerte de las plantas, sus conmociones están ligadas a
las reacciones que le genera lo que ve en el televisor, por eso el resto del
tiempo permanece extremadamente tranquilo, indiferente frente a lo que le dice
Ben, el presidente, el médico o Eve.
Cuando empieza la película las primeras imágenes que nos
llegan de Chance es él en los lugares de una casa donde se desarrolla su vida,
con el televisor en el centro de la escena. Al finalizar aparece caminando sobre
un lago que se creería profundo, pero esta
vez no lleva un control sino el paraguas sobre el que se sostiene. En esta última imagen el jardinero camina
sobre el agua sin hundirse en el lago, sus pasos sólo avanzan sobre la
superficie, sin los obstáculos que implicaría la profundidad del lago. Simultáneamente, al otro lado del cementerio,
las máximas figuras del poder político avanzan cargando el ataúd de Ben
mientras discuten la posibilidad de convertir a Chance en el próximo
presidente. El jardinero superficial, fácilmente moldeable, hijo y discípulo de
los medios, que “consecuentemente” se convirtió en figura mediática, es el
títere postulado para controlar y manejar el país aunque él no lo entienda.
Si
durante la película Chance representa al televidente “educado”, encantado,
controlado y manipulado por la televisión, al final cuando es la opción más
favorable para la presidencia, pasa a representar la fuerza masiva del cuarto
poder. Símbolo de lo anterior es también
la forma en la que él, siendo un icono del espectador condicionado por los
medios, logra influenciar en el presidente hasta convertirse en el hombre que
todos siguen, a quién todos le creen. Aunque él solamente le cree al
televisor. Finalmente en la película lo que vemos más allá del personaje
maravilloso, simple y encantador que es Chance, tal cual como lo es el
televisor; es un juego de la relación Medios- Chance (sociedad) - Medios.
El jardinero superficial, fácilmente moldeable, hijo y discípulo de
los medios, que “consecuentemente” se convirtió en figura mediática, es el
títere postulado para controlar y manejar el país aunque él no lo entienda. Si
durante la película Chance representa al televidente “educado”, encantado,
controlado y manipulado por la televisión, al final cuando es la opción más
favorable para la presidencia, pasa a representar la fuerza masiva del cuarto
poder. Símbolo de lo anterior es también
la forma en la que él, siendo un icono del espectador condicionado por los
medios, logra influenciar en el presidente hasta convertirse en el hombre que
todos siguen, a quién todos le creen. Aunque él solamente le cree al
televisor. Finalmente en la película lo que vemos más allá del personaje
maravilloso, simple y encantador que es Chance, tal cual como lo es el
televisor; es un juego de la relación Medios- Chance (sociedad) - Medios.