jueves, 12 de julio de 2012

Trilogía de Colores: Rojo


Rojo es la última película de la Trilogía de Colores del director polaco Krzysztof Kieslowski, estrenada en París en 1994. En su trilogía, Kieslowski explora los tres colores de la bandera de Francia que identificaban la consigna de la Revolución Francesa: Libertad, igualdad y fraternidad. En el drama, la relación entre una joven modelo y un anciano juez retirado, representa la simbología de la Fraternidad con la que el director juega a lo largo de toda la película.

Valentine es una modelo de pasarela y fotografía, que atropella a Rita, una perra embarazada. La búsqueda de su dueño conduce a la protagonista hasta una casa que permanece con la puerta abierta, en ella conoce a Joseph Kern un viejo juez que parece esperarla mientras gasta sus días escuchando las llamadas telefónicas de sus vecinos. Después del primer encuentro entre los dos personajes, Valentina no puede evitar volver a ver al anciano.

La primera impresión que le genera a la joven la obsesión del juez es enojo, indignación, lástima y después piedad. La conducta del hombre inicialmente le parece tan deplorable que intenta hacerle saber a una familia el oído espía que se esconde detrás sus llamadas telefónicas. Pero después de varios encuentros, lo que antes la joven concebía como un comportamiento enfermo, ilegal y atrevido, la va confrontando luego, con su propia soledad y con la del juez, con el desamor, con los secretos que carga el anciano de su vida pasada y con una reflexión ética y moral sobre la justicia, y en especial sobre la verdad. Al final los dos personajes terminan unidos por una relación fraternal, que trasciende la distancia entre sus edades y sus distintas formas de ver el mundo. En compañía, se encuentran en los mismos sentimientos de soledad, desamor y desilusión.

Valentine, interpretada por Irene Jacob, es una modelo que vive sola, agobiada por los problemas de su hermano menor y por el desencuentro amoroso en el que se hunde con su amante, con el que sólo tiene comunicación vía telefónica. Alrededor de ella se desarrolla la trama de Rojo, su encuentro con Joseph Kern la revela afectuosa, fraternal, inocente, comprensiva, soñadora y esperanzada, aunque también desolada e inquieta frente al amor y la vida.

Joseph Kern, interpretado por Jean-Louis Trintignant, es el personaje protagónico junto a Valentine, todo el problema filosófico de fondo que plantea la película desde el tema que el director explora, se muestra a través de éste personaje encerrado, desilusionado, solitario y obsesivo. Su vida perdió sentido después de la infidelidad de su esposa, y el amor es para él algo ajeno en su habitación de incredulidad, en la que sólo lo acompañan las historias ajenas que escucha de las conversaciones telefónicas que intercepta. Cuando conoce a Valentine entabla con la joven una relación amistosa en la que termina por compartir el dolor de su pasado. Con ella redescubre también el sentido de lo que ha sido,  y empieza a buscar la comprensión de su vida desde sus actos de espionaje, replanteandose constantemente la noción de justicia y verdad, y el criterio de los seres humanos para determinar el carácter de culpabilidad de los otros.

Kern es un “juez retirado”, así se autodenomina frente a Valentine, pero su retiro más allá de la denuncia que presentó en su trabajo años atrás, es también la metáfora de lo que es el personaje cuando conoce a la joven. Su obsesión con escuchar las llamadas de sus vecinos, tiene que ver con la idea de justicia que acecha al personaje en su vejez. En su encierro ha llegado a la conclusión de que la verdad la tienen todos, cualquiera siendo el protagonista de su propia historia posee la verdad de su relato, “en la circunstancia del infiel yo también hubiese sido infiel, en la del ladrón yo también hubiese robado, en la del homicida yo también hubiese matado”.

Su posición de vigilante es un reto que se impone a sí mismo para cuestionarse en su rol de justiciero, desde el retiro y el aislamiento se replantea la noción de juez que fue en el pasado, mientras busca comprender a través de su reflexión por qué juzgó de culpable en un caso al mismo hombre con el que su esposa le fue infiel, y por qué después de lo que él consideró una traición nunca más pudo volver a amar.  En su búsqueda desde el espionaje, deja de lado la cara legal y justiciera de la vida y se oculta en el cara ilegal jugando a ser delincuente también. La autoentrega que se hace a las autoridades para que Valentine regrese a su casa, lo hace confirmar que la verdad se halla en cada personaje.

La verdad frente a la que él se inquieta la encuentra en  los tonos de voz que lo acompañan en su claustro, por eso cuando se presenta como un juez retirado, alude también a su preocupación de quién es cada ser para juzgar la culpabilidad y los actos de los otros, la justicia como la verdad  se le hacen relativas, por eso se retira de ella en la modalidad de juez que fue, ya no la ejecuta desde su poder judicial, sino que la piensa desde un carácter ético y moral, desde las condiciones y situaciones de cada ser y también desde una mirada pesimista por la carga de su pasado. Al final la razón de su comportamiento obsesivo, se lo revela a Valentine como un hurgamiento en las historias para seguirlas sin calificarlas, juzgarlas o indicar prejuicios sobre ellas. Las sigue y supone sobre su desarrollo, acertando en la mayoría de veces, porque sólo tiene en cuenta el valor de lo emocional que es lo que las atraviesa a todas y en lo único en lo que termina creyendo.

Mientras transcurren los encuentros entre Kern y Valentine, también se muestra la historia de Auguste Bruner, interpretado por Jean-Pierre Lorit, un joven que está terminando la carrera de derecho y abriendo la puerta hacia un futuro exitoso. Auguste es engañado por su novia de la que está enamorado. A lo largo de la película esta tercera historia se muestra aislada de la de los otros dos personajes, pero él es quien al final cierra la trama principal. Auguste es por un lado la imagen de lo que fue Kern joven, él también puede ser interpretado incluso como el flash-back que muestra la historia de la juventud del juez jubilado. Y por otro lado, es también quien cierra positivamente el drama que desarrolla Rojo, para Valentine es el encuentro y la ilusión del amor que repondrá sus anteriores desencuentros sentimentales y el cumplimiento del sueño que tuvo Kern. con ella. Y desde Kern es la metáfora del otro posible camino que pudo tener el futuro del juez, volver a amar.

Dice Kieslowski: “Hay demasiadas cosas en el mundo que dividen a las personas, como la religión, la política, la historia y el nacionalismo. Si la cultura es capaz de algo es de hallar eso que nos une a todos. Y es tanto lo que une a las personas. No importa quién eres o quién soy yo, si te duelen las muelas o me duelen a mi es el mismo dolor. Los sentimientos es lo que une a todas las personas, porque la palabra “amor” tiene el mismo significado para todos. O “temor” o “sufrimiento”. Todos tememos de la misma manera y a las mismas cosas. Y amamos de igual manera. Por eso hablo de estas cosas, porque en el resto encuentro irremediablemente división.”  Kern y Valentine están unidos por una relación de fraternidad, su unión es producto de la conexión en los sentimientos que los inundan así sean seres distintos. Por una casualidad ambos se encuentran y cada uno empieza a ser para el otro el acompañante de inquietudes sobre sus estados emocionales, los une el dolor y la soledad y conectados con los componentes de sus vidas privadas terminan fortaleciendo una relación amistosa.

La primera escena de la película es el recorrido de un cable que pasa por debajo del mar hasta terminar en un teléfono. Alrededor de la comunicación virtual se mueve la trama de los personajes. Kern usurpa la vida íntima de sus vecinos a través de las llamadas telefónicas, él está solo y a quienes escucha también. Valentine tiene una relación amorosa tediosa sólo a través del teléfono, y siempre está sola. A los dos los une lo mismo en sus vidas privadas, por eso su relación más allá de ser una amistad es una fraternidad, no tienen secretos entre ambos, comprenden la condición propia a partir de la del otro y aunque tienen situaciones diferentes sienten lo mismo frente a la vida.

El teléfono representa la soledad de todas las voces en la película, y los encuentros entre Valentine y Kern son los únicos presenciales, ambos entran en la privacidad del otro, mientras escuchan la de otros seres igualmente solos. Al final, cuando la joven se salva del accidente en el crucero,  el anciano la ve por televisión y  reconoce en su mirada, desde el medio público, la mujer con la que conversaba en privado y que será feliz a los cincuenta años.

El tema de la película es entonces la fraternidad, traducida en Kieslowski como la relación que se da en las personas a través  de los sentimientos, que son lo único común a todos en las vidas privadas, y que son por eso mismo, también la única verdad válida para todos en cualquier historia.


El rojo siendo el color representativo de la película inunda todas las imágenes y su presencia en cada escena, además de ser el elemento representativo de la belleza fotográfica en la película, también exalta la expresividad de los personajes junto a los juegos de iluminación y sombras que el director apunta en los rostros para acentuar la carga emocional de un gesto.  Ejemplo de esto, es la fotografía de Valentine que luego cuelgan como imagen publicitaria en un lugar concurrido de Ginebra. Imagen que es también un abrebocas de la imagen del final, el mismo perfil y el mismo gesto de tristeza e incertidumbre, con la diferencia de que el drama, con ésta última, termina apuntando hacia un desarrollo positivo.


La música realizada por Zbigniew Preisner junto a escenas como la de Valentine llorando en el carro, o como la del vaso roto que aparece en la sala donde la joven juega bolos, arman el complemento dramático de la película. La escena de los dos solos en el interior del teatro rojo mientras afuera transcurre una tormenta, y el encuentro de ambos en casa tomándose un vino hasta que lanzan una piedra a la ventana, son las escenas más emotivas de la película, en ambas los personajes son mostrados con profundidad desde sus conversaciones, sus miradas, sus gestos y desde el contraste que hace el director entre el espacio privado, en el que ellos se encuentran, con el exterior tormentoso que los rodea. Es en estas dos escenas también en las que aflora el lazo afectivo que los une y los enigmas de la vida de Kern que responden al sentido de sus obsesiones.

Aunque Rojo es un drama de personajes solos y desilusionados, a lo largo de la película se salvan con los encuentros fraternales, y en especial con el amor. El final es un cierre que despliega un elemento de esperanza y felicidad para tres seres en medio de una vida tormentosa. En este final, aparecen además los personajes de las anteriores películas de Kieslowski, son junto a Valentine y Auguste  los únicos sobrevivientes del accidente en el mar, con lo que el director deja en entredicho que rescatándolos, salva también sus historias aunque todas sean movidas por el  hilo amor-desamor.

Rojo es la tercera y mejor película de la trilogía de Kieslowski, con tres nominaciones al oscar, una al Globo de Oro y una al Festival de Cannes, se ubica como la mejor película lograda de este director, en ella no sólo presenta una trama sino que a través de la casualidad y la superficialidad de la misma, desarrolla un planteamiento profundo sobre las relaciones humanas en una sociedad condicionada por la soledad de la comunicación virtual. Nos presenta a dos personajes contemporáneos de la Europa de fin de guerras, en la que la soledad y el encierro es para muchos el mejor refugio porque a falta de relaciones fraternales las obsesiones representan una forma de vivir  y comprender los comportamientos humanos. Hacia el final de la película el director le regala al espectador, después de la incertidumbre y la complejidad de la relación entre Kern y Valentine, la simbología de la Fraternidad  que cierra la consiga de la bandera de Francia, como si el trabajo cinematográfico de Kieslowski fuera también un grito que pide recordar en la sociedad actual el valor de las tres palabras que representaron un cambio importante en la historia.