Sinecdoche, New York es una película escrita y dirigida por Charlie
Kaufman y estrenada en el 2008 en Estados Unidos. En este drama toda Nueva York es recreada y replicada en un almacén. Y toda la vida de
Caden Cotard es expresada en una obra de teatro interminable, que no recibe los
aplausos de un público porque nunca se estrena. Kaufman debuta con su primera
película dirigida mostrándonos un director de teatro que delira entre la
ficción y la realidad, tejiendo las
tramas de su vida entre ensayos escénicos que jamás tienen audiencia.
Durante la película el espectador
es sumergido en una exploración profunda del sinécdoque, figura retórica que
expresa el todo a través de una parte. Caden pretende hurgar en las profundidades
de su “jodido ser”, hallar “el inicio del pensamiento en el teatro” y encontrar la verdad que hay detrás de su
vida. Cada evento de sus días se convierte en una nota registrada en el papel
que luego es actuada, con esto el personaje interpretado por Hoffman, pretende
acercarse a un todo que contenga en un solo misterio sus ilusiones y sus
decepciones. Su obra es una pieza que busca contener el amor, el miedo, el
abandono, la soledad, la nostalgia, el delirio y la muerte. Al final envejece
sin encontrarle un título apropiado y
muere mientras repite, después de muchos años,
“tengo una idea, ahora sé cómo hacerlo…”
El escenario de Cotard que es
también su vida, es una pequeña Nueva
York donde habitan actores que viven el
teatro para actuar la vida de Caden, mientras otros actúan también la vida de
estos actores. Todo lo que le ocurre al personaje es revelado
y representado en la pequeña ciudad, incluso sus sueños y sus delirios. Cada
pared levantada en el interior del almacén es una réplica exacta de los
lugares donde ha estado el personaje.
Hacia el final de la película la verdadera Nueva York se ha perdido en la
locura de Caden, y se le ve caminar en
su pequeña ciudad ficcional, la única que existe para él, hasta que el
espectador asiste a su muerte en los brazos de una actriz.
El primer giro de la película se
presenta cuando Adele decide ir con Olive a una exposición en Berlín, dejando a
Caden en Nueva York. Promete volver en un mes pero jamás regresa. En esta
segunda secuencia se agudizan las enfermedades físicas del personaje, la
soledad y la nostalgia por el abandono lo empiezan a acercar al delirio, y pierde la noción del tiempo, un año le parece una semana, y después de
siete años sigue pensando en su hija como una niña de cuatro. Mientras vemos al
personaje muriéndose, presenciamos a su lado a Hazel, la recepcionista del
teatro donde Caden trabaja, una mujer
divertida que lo acompaña mientras le expresa su enamoramiento.
El segundo giro de la película se
da cuando recibe en su casa una carta que le anuncia una beca MacArthur y
decide realizar un proyecto teatral macro, que se convertirá en el sinécdoque
de la Nueva York de sus recuerdos y sus sueños. Una obra en la que actúa cada
elemento de su vida y en la que su vida
se hace obra.
Al inicio de la película
conocemos la vida de Caden a través de su cotidianidad. Las escenas de la
primera secuencia presentan los indicios del conflicto que se plantea más
adelante. A medida que pasan los minutos, las escenas se amplían a todos los
planos de la vida del personaje, éste aparece con una carga mucho más profunda
a medida que se le ve acercándose constantemente a la muerte física y
psicológica. Lo que viene después, es la inundación del teatro en la historia
de Caden, en las imágenes del resto de la película.
El conflicto del protagonista explota y se
desarrolla totalmente después del segundo giro. Si la película al inicio
conservaba un tono hiperrealista, en esta tercera parte se conjuga con el surrealismo, y el drama del
personaje se intensifica con imágenes altamente poéticas como el pétalo que se
desprende del tatuaje de Olive después de morir. La paralización del mundo el
día de la muerte de Hazel que se expresa en una escena de estatuas. O Caden
frente a miles de hojas de papel que conservan los instantes más importantes de
su vida, los mismos que en ese momento le definen su tiempo.
Caden Cotard el director de
teatro que termina mezclando la ficción y la realidad, termina también
confundiéndose con un personaje femenino que asumió para estar más cerca de
Adele. Y al final, cuando se reconoce
como Ellen, sintiendo y muriendo como ella, el espectador asiste a una metáfora
del sinécdoque en la que el personaje comprende que él puede ser Caden, pero
también Ellen, Adele, Olive, Hazel, Sammy y todos los demás personajes que lo
acompañaron en su realidad y en su delirio. Que él fue una parte de todos y
todos fueron una parte de él.
Los colores predominantes de la
película siempre son azules opacos, el gris y el negro. Excepto por las escenas
en las que aparece Hazel, en las que siempre está vestida de naranja o rojos.
La casa de ella es amarilla con verdes, rojos y azules fuertes, y el fuego
siempre está encendido hasta el día de su muerte. Este juego de colores actúa oportunamente en
la construcción de los personajes, los colores de Hazel revelan su personalidad
y lo que representa en la vida de Caden, que siempre se mueve entre grises y
negros, hasta que al final muere sentado en un sofá blanco, color de la última
imagen de la película.
Si ya antes Kauffman era
reconocido por la genialidad de sus guiones, en Sinecdoche, New York no sólo lleva a la máxima exploración la
creación de la trama que nos presenta, y de los diálogos que interpretan actores
como Hoffman, sino que además nos deleita con juegos cinematográficos que sumergen al espectador en una experiencia
altamente semántica y estética, que desborda los límites del lenguaje
audiovisual.
Ejemplo de lo anterior, es el
juego de sombras con Sammy en la escena en la que a Caden le avisan de la
muerte de su padre, mientras está teniendo sexo con Claire. El audio que se
introduce en la mayoría de las escenas en las que están Caden y Hazel que
expresa el valor romántico de la película. Y el monólogo que recita el padre en
la escena teatral de un entierro.
También lo son: Los juegos del tiempo en toda la película, expresados al inicio en un diálogo con Hazel, a través de la carta de la
beca McArthur, las citas de Cotard al odontólogo; y al final a través del aspecto del
personaje y el crecimiento de Olive que él sigue o construye a partir de
imaginarios en torno al diario de su hija. La carga semántica y narrativa
que se imprime en las imágenes donde aparece Sammy como un misterio en las
primeras partes de la película. Y después, cuando se muestra a Caden, a Sammy y a
un actor que interpreta a Sammy en una misma imagen, expresando tres niveles de
una misma historia o la meta-historia de tres personajes distintos.
Kaufman nos propone en su
película el seguimiento de un personaje que se arroja a la búsqueda de una
verdad total de los misterios de la vida, su mayor exploración la hace a través
del teatro. Hoffman un hijo del teatro antes que del cine, nos recrea los
sentimientos más profundos del personaje en cada gesto interpretado y logramos
ver su envejecimiento en las ficciones que se construye para meterse en ellas, buscando
habitar en su vientre para comprender desde allí el sentido de su vida. Entre el
amor, el abandono, la soledad y la locura, el tema predominante que nos propone
el director es la búsqueda de sentido de la vida y lo hace desde una mirada
existencialista que se fusiona con los delirios ficcionales y las múltiples
personalidades de Caden.
En este drama, mientras cada
minuto aumenta el peso del personaje y de su nostalgia, nunca nos quedamos sin
el toque de humor que Kaufman imprime en los momentos más absurdos de la
tragedia del personaje, con un humor negro suaviza en algunas escenas los
momentos más tristes, mientras en otros muestra el patetismo de ciertos escenarios
de la vida de Cotard.
El juego de realidades
interpuestas en la película y el personaje flotando entre ellas, ponen también
a flotar al espectador entre delirios, sueños, imaginarios, escenas “reales” y
escenas teatrales. Al final, el teatro de Caden abandonado y él caminando en las
calles de su pequeña Nueva York, esta vez sin buscar. Los actores han muerto,
Sammy se ha suicidado, Hazel, Adele y Olive también han muerto. Y él muere
diciendo que una nueva idea se la ha ocurrido y que ahora si sabe cómo hacerlo.
Muere y una imagen en blanco llena la pantalla, la película se acabó y le sigue
un silencio largo desde la mirada del espectador, ¿Qué pasó? ¿Se acabó? ¿Eso
era todo? ¿Una confusión de tiempos y
delirios, y se acaba en una muerte?
Eso era la vida de Caden, el
sinécdoque de su existencia y sólo le queda al espectador devolverse cuantas
veces quiera en la imagen que lo atrape, ver la película y enfrentar la experiencia cinematográfica, estética y filosófica que le propone, o
simplemente tirarla porque el sinécdoque de imágenes, emociones y pensamientos
que suscita parece puesto por Kaufman a la medida perfecta de cada quién, para
que decida a tiempo si asume o no este reto audiovisual. Porque Sinécdoque no
es sólo una película que entretiene entre las risas nostálgicas, absurdas y
nerviosas que genera, sino también una propuesta artística que le plantea al
espectador preguntas, inquietudes y angustias sobre la existencia y la vida.
Se nos muestra un personaje para reír,
llorar, sentir, pensar y silenciar. El final cerrado no da posibilidades de
jugar con la continuación de la historia, en la película cierra la muerte como
en la vida. Lo que queda después, es el telón blanco que finaliza la ficción de Caden a las 7:45 para introducir
al espectador en sus propias ficciones..jpg)
.jpg)
.jpg)