jueves, 26 de abril de 2012

Sinecdoche, New York.


Sinecdoche, New York es una película escrita y dirigida por Charlie Kaufman y estrenada en el 2008 en Estados Unidos. En este drama  toda Nueva York es recreada  y replicada en un almacén. Y toda la vida de Caden Cotard es expresada en una obra de teatro interminable, que no recibe los aplausos de un público porque nunca se estrena. Kaufman debuta con su primera película dirigida mostrándonos un director de teatro que delira entre la ficción y la realidad, tejiendo  las tramas de su vida entre ensayos escénicos que jamás tienen audiencia.

Durante la película el espectador es sumergido en una exploración profunda del sinécdoque, figura retórica que expresa el todo a través de una parte. Caden pretende hurgar en las profundidades de su “jodido ser”, hallar “el inicio del pensamiento en el teatro”  y encontrar la verdad que hay detrás de su vida. Cada evento de sus días se convierte en una nota registrada en el papel que luego es actuada, con esto el personaje interpretado por Hoffman, pretende acercarse a un todo que contenga en un solo misterio sus ilusiones y sus decepciones. Su obra es una pieza que busca contener el amor, el miedo, el abandono, la soledad, la nostalgia, el delirio y la muerte. Al final envejece sin encontrarle  un título apropiado y muere mientras repite, después de muchos años,  “tengo una idea, ahora sé cómo hacerlo…”



El escenario de Cotard que es también su vida,  es una pequeña Nueva York  donde habitan actores que viven el teatro para actuar la vida de Caden, mientras otros actúan también la vida de estos actores.   Todo lo que le ocurre al personaje es revelado y representado en la pequeña ciudad, incluso sus sueños y sus delirios. Cada pared levantada en el interior del almacén es una réplica exacta de los lugares  donde ha estado el personaje. Hacia el final de la película la verdadera Nueva York se ha perdido en la locura de Caden, y  se le ve caminar en su pequeña ciudad ficcional, la única que existe para él, hasta que el espectador asiste a su muerte en los brazos de una actriz.


Al inicio de la película un reloj marca las 7:44 am y se despliega una secuencia de escenas en las que se develan los planos de la vida de Caden. En su casa Adele, su esposa, habla todo el tiempo con su amiga María, y atiende a su hija Olive como asistiendo a un trabajo por obligación.  La relación de los dos esposos se torna distante e indiferente. Caden espera la presencia de Adele en el estreno de una obra, y ella mientras pinta en miniatura, se droga y fantasea con la muerte de su esposo.

El primer giro de la película se presenta cuando Adele decide ir con Olive a una exposición en Berlín, dejando a Caden en Nueva York. Promete volver en un mes pero jamás regresa. En esta segunda secuencia se agudizan las enfermedades físicas del personaje, la soledad y la nostalgia por el abandono lo empiezan a acercar al delirio, y  pierde la noción del tiempo,  un año le parece una semana, y después de siete años sigue pensando en su hija como una niña de cuatro. Mientras vemos al personaje muriéndose, presenciamos a su lado a Hazel, la recepcionista del teatro donde  Caden trabaja, una mujer divertida que lo acompaña mientras le expresa su enamoramiento.

El segundo giro de la película se da cuando recibe en su casa una carta que le anuncia una beca MacArthur y decide realizar un proyecto teatral macro, que se convertirá en el sinécdoque de la Nueva York de sus recuerdos y sus sueños. Una obra en la que actúa cada elemento de su vida y en la que su vida  se hace obra.

Al inicio de la película conocemos la vida de Caden a través de su cotidianidad. Las escenas de la primera secuencia presentan los indicios del conflicto que se plantea más adelante. A medida que pasan los minutos, las escenas se amplían a todos los planos de la vida del personaje, éste aparece con una carga mucho más profunda a medida que se le ve acercándose constantemente a la muerte física y psicológica. Lo que viene después, es la inundación del teatro en la historia de Caden, en las imágenes del resto de la película.

 El conflicto del protagonista explota y se desarrolla totalmente después del segundo giro. Si la película al inicio conservaba un tono hiperrealista, en esta tercera parte  se conjuga con el surrealismo, y el drama del personaje se intensifica con imágenes altamente poéticas como el pétalo que se desprende del tatuaje de Olive después de morir. La paralización del mundo el día de la muerte de Hazel que se expresa en una escena de estatuas. O Caden frente a miles de hojas de papel que conservan los instantes más importantes de su vida, los mismos que en ese momento le definen su tiempo.

Caden Cotard el director de teatro que termina mezclando la ficción y la realidad, termina también confundiéndose con un personaje femenino que asumió para estar más cerca de Adele.  Y al final, cuando se reconoce como Ellen, sintiendo y muriendo como ella, el espectador asiste a una metáfora del sinécdoque en la que el personaje comprende que él puede ser Caden, pero también Ellen, Adele, Olive, Hazel, Sammy y todos los demás personajes que lo acompañaron en su realidad y en su delirio. Que él fue una parte de todos y todos fueron una parte de él.

Los colores predominantes de la película siempre son azules opacos, el gris y el negro. Excepto por las escenas en las que aparece Hazel, en las que siempre está vestida de naranja o rojos. La casa de ella es amarilla con verdes, rojos y azules fuertes, y el fuego siempre está encendido hasta el día de su muerte.  Este juego de colores actúa oportunamente en la construcción de los personajes, los colores de Hazel revelan su personalidad y lo que representa en la vida de Caden, que siempre se mueve entre grises y negros, hasta que al final muere sentado en un sofá blanco, color de la última imagen de la película.

Si ya antes Kauffman era reconocido por la genialidad de sus guiones, en Sinecdoche, New York no sólo lleva a la máxima exploración la creación de la trama que nos presenta, y de los diálogos que interpretan actores como Hoffman, sino que además nos deleita con juegos cinematográficos que  sumergen al espectador en una experiencia altamente semántica y estética, que desborda los límites del lenguaje audiovisual.
 
Ejemplo de lo anterior, es el juego de sombras con Sammy en la escena en la que a Caden le avisan de la muerte de su padre, mientras está teniendo sexo con Claire. El audio que se introduce en la mayoría de las escenas en las que están Caden y Hazel que expresa el valor romántico de la película. Y el monólogo que recita el padre en la escena teatral de un entierro. 

También lo son: Los juegos del tiempo en toda la película,  expresados al inicio en un diálogo con Hazel, a través de la carta de la beca McArthur, las citas de Cotard al odontólogo; y al final a través del aspecto del personaje y el crecimiento de Olive que él sigue o construye a partir de imaginarios en torno al diario de su hija. La carga semántica y narrativa que se imprime en las imágenes donde aparece Sammy como un misterio en las primeras partes de la película. Y después, cuando se muestra a Caden, a Sammy y a un actor que interpreta a Sammy en una misma imagen, expresando tres niveles de una misma historia o la meta-historia de tres personajes distintos.

Kaufman nos propone en su película el seguimiento de un personaje que se arroja a la búsqueda de una verdad total de los misterios de la vida, su mayor exploración la hace a través del teatro. Hoffman un hijo del teatro antes que del cine, nos recrea los sentimientos más profundos del personaje en cada gesto interpretado y logramos ver su envejecimiento en las ficciones que se construye para meterse en ellas, buscando habitar en su vientre para comprender desde allí el sentido de su vida. Entre el amor, el abandono, la soledad y la locura, el tema predominante que nos propone el director es la búsqueda de sentido de la vida y lo hace desde una mirada existencialista que se fusiona con los delirios ficcionales y las múltiples personalidades de Caden.

En este drama, mientras cada minuto aumenta el peso del personaje y de su nostalgia, nunca nos quedamos sin el toque de humor que Kaufman imprime en los momentos más absurdos de la tragedia del personaje, con un humor negro suaviza en algunas escenas los momentos más tristes, mientras en otros muestra el patetismo de ciertos escenarios de la vida de Cotard.

El juego de realidades interpuestas en la película y el personaje flotando entre ellas, ponen también a flotar al espectador entre delirios, sueños, imaginarios, escenas “reales” y escenas teatrales. Al final, el teatro de Caden abandonado y él caminando en las calles de su pequeña Nueva York, esta vez sin buscar. Los actores han muerto, Sammy se ha suicidado, Hazel, Adele y Olive también han muerto. Y él muere diciendo que una nueva idea se la ha ocurrido y que ahora si sabe cómo hacerlo. Muere y una imagen en blanco llena la pantalla, la película se acabó y le sigue un silencio largo desde la mirada del espectador, ¿Qué pasó? ¿Se acabó? ¿Eso era todo?  ¿Una confusión de tiempos y delirios, y se acaba en una muerte?

Eso era la vida de Caden, el sinécdoque de su existencia y sólo le queda al espectador devolverse cuantas veces quiera en la imagen que lo atrape, ver la película y enfrentar la experiencia cinematográfica, estética y filosófica que le propone, o simplemente tirarla porque el sinécdoque de imágenes, emociones y pensamientos que suscita parece puesto por Kaufman a la medida perfecta de cada quién, para que decida a tiempo si asume o no este reto audiovisual. Porque Sinécdoque no es sólo una película que entretiene entre las risas nostálgicas, absurdas y nerviosas que genera, sino también una propuesta artística que le plantea al espectador preguntas, inquietudes y angustias sobre la existencia y la vida.

Se nos muestra un personaje para reír, llorar, sentir, pensar y silenciar. El final cerrado no da posibilidades de jugar con la continuación de la historia, en la película cierra la muerte como en la vida. Lo que queda después, es el telón blanco que  finaliza la ficción de Caden a las 7:45 para introducir al espectador en sus propias ficciones.


   






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