jueves, 12 de julio de 2012

Trilogía de Colores: Rojo


Rojo es la última película de la Trilogía de Colores del director polaco Krzysztof Kieslowski, estrenada en París en 1994. En su trilogía, Kieslowski explora los tres colores de la bandera de Francia que identificaban la consigna de la Revolución Francesa: Libertad, igualdad y fraternidad. En el drama, la relación entre una joven modelo y un anciano juez retirado, representa la simbología de la Fraternidad con la que el director juega a lo largo de toda la película.

Valentine es una modelo de pasarela y fotografía, que atropella a Rita, una perra embarazada. La búsqueda de su dueño conduce a la protagonista hasta una casa que permanece con la puerta abierta, en ella conoce a Joseph Kern un viejo juez que parece esperarla mientras gasta sus días escuchando las llamadas telefónicas de sus vecinos. Después del primer encuentro entre los dos personajes, Valentina no puede evitar volver a ver al anciano.

La primera impresión que le genera a la joven la obsesión del juez es enojo, indignación, lástima y después piedad. La conducta del hombre inicialmente le parece tan deplorable que intenta hacerle saber a una familia el oído espía que se esconde detrás sus llamadas telefónicas. Pero después de varios encuentros, lo que antes la joven concebía como un comportamiento enfermo, ilegal y atrevido, la va confrontando luego, con su propia soledad y con la del juez, con el desamor, con los secretos que carga el anciano de su vida pasada y con una reflexión ética y moral sobre la justicia, y en especial sobre la verdad. Al final los dos personajes terminan unidos por una relación fraternal, que trasciende la distancia entre sus edades y sus distintas formas de ver el mundo. En compañía, se encuentran en los mismos sentimientos de soledad, desamor y desilusión.

Valentine, interpretada por Irene Jacob, es una modelo que vive sola, agobiada por los problemas de su hermano menor y por el desencuentro amoroso en el que se hunde con su amante, con el que sólo tiene comunicación vía telefónica. Alrededor de ella se desarrolla la trama de Rojo, su encuentro con Joseph Kern la revela afectuosa, fraternal, inocente, comprensiva, soñadora y esperanzada, aunque también desolada e inquieta frente al amor y la vida.

Joseph Kern, interpretado por Jean-Louis Trintignant, es el personaje protagónico junto a Valentine, todo el problema filosófico de fondo que plantea la película desde el tema que el director explora, se muestra a través de éste personaje encerrado, desilusionado, solitario y obsesivo. Su vida perdió sentido después de la infidelidad de su esposa, y el amor es para él algo ajeno en su habitación de incredulidad, en la que sólo lo acompañan las historias ajenas que escucha de las conversaciones telefónicas que intercepta. Cuando conoce a Valentine entabla con la joven una relación amistosa en la que termina por compartir el dolor de su pasado. Con ella redescubre también el sentido de lo que ha sido,  y empieza a buscar la comprensión de su vida desde sus actos de espionaje, replanteandose constantemente la noción de justicia y verdad, y el criterio de los seres humanos para determinar el carácter de culpabilidad de los otros.

Kern es un “juez retirado”, así se autodenomina frente a Valentine, pero su retiro más allá de la denuncia que presentó en su trabajo años atrás, es también la metáfora de lo que es el personaje cuando conoce a la joven. Su obsesión con escuchar las llamadas de sus vecinos, tiene que ver con la idea de justicia que acecha al personaje en su vejez. En su encierro ha llegado a la conclusión de que la verdad la tienen todos, cualquiera siendo el protagonista de su propia historia posee la verdad de su relato, “en la circunstancia del infiel yo también hubiese sido infiel, en la del ladrón yo también hubiese robado, en la del homicida yo también hubiese matado”.

Su posición de vigilante es un reto que se impone a sí mismo para cuestionarse en su rol de justiciero, desde el retiro y el aislamiento se replantea la noción de juez que fue en el pasado, mientras busca comprender a través de su reflexión por qué juzgó de culpable en un caso al mismo hombre con el que su esposa le fue infiel, y por qué después de lo que él consideró una traición nunca más pudo volver a amar.  En su búsqueda desde el espionaje, deja de lado la cara legal y justiciera de la vida y se oculta en el cara ilegal jugando a ser delincuente también. La autoentrega que se hace a las autoridades para que Valentine regrese a su casa, lo hace confirmar que la verdad se halla en cada personaje.

La verdad frente a la que él se inquieta la encuentra en  los tonos de voz que lo acompañan en su claustro, por eso cuando se presenta como un juez retirado, alude también a su preocupación de quién es cada ser para juzgar la culpabilidad y los actos de los otros, la justicia como la verdad  se le hacen relativas, por eso se retira de ella en la modalidad de juez que fue, ya no la ejecuta desde su poder judicial, sino que la piensa desde un carácter ético y moral, desde las condiciones y situaciones de cada ser y también desde una mirada pesimista por la carga de su pasado. Al final la razón de su comportamiento obsesivo, se lo revela a Valentine como un hurgamiento en las historias para seguirlas sin calificarlas, juzgarlas o indicar prejuicios sobre ellas. Las sigue y supone sobre su desarrollo, acertando en la mayoría de veces, porque sólo tiene en cuenta el valor de lo emocional que es lo que las atraviesa a todas y en lo único en lo que termina creyendo.

Mientras transcurren los encuentros entre Kern y Valentine, también se muestra la historia de Auguste Bruner, interpretado por Jean-Pierre Lorit, un joven que está terminando la carrera de derecho y abriendo la puerta hacia un futuro exitoso. Auguste es engañado por su novia de la que está enamorado. A lo largo de la película esta tercera historia se muestra aislada de la de los otros dos personajes, pero él es quien al final cierra la trama principal. Auguste es por un lado la imagen de lo que fue Kern joven, él también puede ser interpretado incluso como el flash-back que muestra la historia de la juventud del juez jubilado. Y por otro lado, es también quien cierra positivamente el drama que desarrolla Rojo, para Valentine es el encuentro y la ilusión del amor que repondrá sus anteriores desencuentros sentimentales y el cumplimiento del sueño que tuvo Kern. con ella. Y desde Kern es la metáfora del otro posible camino que pudo tener el futuro del juez, volver a amar.

Dice Kieslowski: “Hay demasiadas cosas en el mundo que dividen a las personas, como la religión, la política, la historia y el nacionalismo. Si la cultura es capaz de algo es de hallar eso que nos une a todos. Y es tanto lo que une a las personas. No importa quién eres o quién soy yo, si te duelen las muelas o me duelen a mi es el mismo dolor. Los sentimientos es lo que une a todas las personas, porque la palabra “amor” tiene el mismo significado para todos. O “temor” o “sufrimiento”. Todos tememos de la misma manera y a las mismas cosas. Y amamos de igual manera. Por eso hablo de estas cosas, porque en el resto encuentro irremediablemente división.”  Kern y Valentine están unidos por una relación de fraternidad, su unión es producto de la conexión en los sentimientos que los inundan así sean seres distintos. Por una casualidad ambos se encuentran y cada uno empieza a ser para el otro el acompañante de inquietudes sobre sus estados emocionales, los une el dolor y la soledad y conectados con los componentes de sus vidas privadas terminan fortaleciendo una relación amistosa.

La primera escena de la película es el recorrido de un cable que pasa por debajo del mar hasta terminar en un teléfono. Alrededor de la comunicación virtual se mueve la trama de los personajes. Kern usurpa la vida íntima de sus vecinos a través de las llamadas telefónicas, él está solo y a quienes escucha también. Valentine tiene una relación amorosa tediosa sólo a través del teléfono, y siempre está sola. A los dos los une lo mismo en sus vidas privadas, por eso su relación más allá de ser una amistad es una fraternidad, no tienen secretos entre ambos, comprenden la condición propia a partir de la del otro y aunque tienen situaciones diferentes sienten lo mismo frente a la vida.

El teléfono representa la soledad de todas las voces en la película, y los encuentros entre Valentine y Kern son los únicos presenciales, ambos entran en la privacidad del otro, mientras escuchan la de otros seres igualmente solos. Al final, cuando la joven se salva del accidente en el crucero,  el anciano la ve por televisión y  reconoce en su mirada, desde el medio público, la mujer con la que conversaba en privado y que será feliz a los cincuenta años.

El tema de la película es entonces la fraternidad, traducida en Kieslowski como la relación que se da en las personas a través  de los sentimientos, que son lo único común a todos en las vidas privadas, y que son por eso mismo, también la única verdad válida para todos en cualquier historia.


El rojo siendo el color representativo de la película inunda todas las imágenes y su presencia en cada escena, además de ser el elemento representativo de la belleza fotográfica en la película, también exalta la expresividad de los personajes junto a los juegos de iluminación y sombras que el director apunta en los rostros para acentuar la carga emocional de un gesto.  Ejemplo de esto, es la fotografía de Valentine que luego cuelgan como imagen publicitaria en un lugar concurrido de Ginebra. Imagen que es también un abrebocas de la imagen del final, el mismo perfil y el mismo gesto de tristeza e incertidumbre, con la diferencia de que el drama, con ésta última, termina apuntando hacia un desarrollo positivo.


La música realizada por Zbigniew Preisner junto a escenas como la de Valentine llorando en el carro, o como la del vaso roto que aparece en la sala donde la joven juega bolos, arman el complemento dramático de la película. La escena de los dos solos en el interior del teatro rojo mientras afuera transcurre una tormenta, y el encuentro de ambos en casa tomándose un vino hasta que lanzan una piedra a la ventana, son las escenas más emotivas de la película, en ambas los personajes son mostrados con profundidad desde sus conversaciones, sus miradas, sus gestos y desde el contraste que hace el director entre el espacio privado, en el que ellos se encuentran, con el exterior tormentoso que los rodea. Es en estas dos escenas también en las que aflora el lazo afectivo que los une y los enigmas de la vida de Kern que responden al sentido de sus obsesiones.

Aunque Rojo es un drama de personajes solos y desilusionados, a lo largo de la película se salvan con los encuentros fraternales, y en especial con el amor. El final es un cierre que despliega un elemento de esperanza y felicidad para tres seres en medio de una vida tormentosa. En este final, aparecen además los personajes de las anteriores películas de Kieslowski, son junto a Valentine y Auguste  los únicos sobrevivientes del accidente en el mar, con lo que el director deja en entredicho que rescatándolos, salva también sus historias aunque todas sean movidas por el  hilo amor-desamor.

Rojo es la tercera y mejor película de la trilogía de Kieslowski, con tres nominaciones al oscar, una al Globo de Oro y una al Festival de Cannes, se ubica como la mejor película lograda de este director, en ella no sólo presenta una trama sino que a través de la casualidad y la superficialidad de la misma, desarrolla un planteamiento profundo sobre las relaciones humanas en una sociedad condicionada por la soledad de la comunicación virtual. Nos presenta a dos personajes contemporáneos de la Europa de fin de guerras, en la que la soledad y el encierro es para muchos el mejor refugio porque a falta de relaciones fraternales las obsesiones representan una forma de vivir  y comprender los comportamientos humanos. Hacia el final de la película el director le regala al espectador, después de la incertidumbre y la complejidad de la relación entre Kern y Valentine, la simbología de la Fraternidad  que cierra la consiga de la bandera de Francia, como si el trabajo cinematográfico de Kieslowski fuera también un grito que pide recordar en la sociedad actual el valor de las tres palabras que representaron un cambio importante en la historia.

jueves, 7 de junio de 2012

Análisis de Sinecdoche, New York.

Lectura Situacional

 Sinecdoche, New York,  es escrita y dirigida por Charlie Kaufman y estrenada en el 2008 en Estados Unidos. La película es un drama que muestra la búsqueda de sentido de un director de teatro que  hace de su vida una ficción, escenificando cada suceso de  sus días  en una obra que se demora más de veinte años en realizarse y  que nunca es estrenada. Toda la película es recreada en la ciudad de Nueva York y en una réplica de la misma que construye el personaje para ambientar su obra.

Kaufman reconocido por su trabajo como guionista, debuta como director con ésta película explorando de nuevo la forma en la que el ser humano construye ficciones para comprender el mundo “real” que habita. Y esta vez va hasta el límite del lenguaje audiovisual para proponerle al espectador una obra cinematográfica que recrea el juego de convertir la vida en arte y el arte en vida.


Lectura Fílmica

Al inicio de la película vemos a Caden Cotard en su casa con su esposa Adele y su hija Olive. Su familia es un cúmulo de relaciones indefinidas y desgraciadas. Después, Adele se lleva a Olive a Berlín y jamás regresa.  Caden queda solo y enfermo, y cuando gana la beca McArthur  decide hacer una obra que recoja la verdad y el todo de su vida y de su ser. La obra se hace durante el resto de años hasta la muerte de Caden y nunca se llega al ensayo final ni es presentada al público.

El primer bloque narrativo de la película es la vida familiar de Caden, en la que se presentan una serie de escenas que revelan una relación conyugal  llena de decepciones y desganas, en especial por parte de Adele. Al final, la costumbre y el desapego desembocan en el abandono a Caden.

En la segunda secuencia vemos a Caden enfermo y agobiado por la soledad, entre citas al médico y al psiquiatra. Y la presencia de Hazel, el otro amor de su vida, se hace más fuerte, éste personaje es revelado y empieza a mover al protagonista. 

La escena que desglosa la tercera parte, y que es el giro más importante de la película, es la carta que llega a la casa de Cotard en la que le avisan la beca del premio McArthur.
El resto de la película es la obra de teatro que construye Caden el resto de su vida, arrojándose a una búsqueda de sentido en lo ficcional.

Caden Cotard: Es el personaje protagonista que pone todo lo que vive en una obra y al final su realidad se confunde con las “realidades” ficcionales que construye en las escenas. Su móvil es encontrar una verdad que defina su vida y su ser a través del teatro. Decepcionado por el abandono, la soledad y la nostalgia se propone hurgar en su pasado y en los hechos que definen su existencia. Su apellido Cotard alude al Síndrome Cotard en el que las personas sienten que están muertas corporal y psicológicamente.

Adele: Es la esposa pintora de Caden. En la primera parte de la película se va  a Berlín en busca de fama. Abandona a Caden para siempre y se convierte al final en una sombra que acompañará al personaje el resto de la película. Después de su viaje, la presencia de Adele  al igual que la de Olive no es explicita, sino implícita a través de los imaginarios del protagonista.

Hazel: Es el otro ser importante en la vida de Caden, lo acompaña hasta que envejecen juntos. En la película es el único personaje mostrado en colores fuertes, su casa y su vestimenta son azules fuertes, rojos, naranjas y amarillos, y vive en una casa de fuego donde siempre hay llamas encendidas, caracterizando la viveza y la fuerza que representó su presencia en la vida de Cotard. Es quizás después de Caden, el personaje motor en la película y cuando ella muere, los colores del protagonista en sus últimos días se hacen opacos, fríos y melancólicos: entre matices grises y blancos, hasta que presenciamos la fragmentación de Cotard, su delirio total y después su muerte.

Claire: Es la actriz principal en el teatro de Caden. Años después se casa con ella y tienen una hija. Al final, también lo abandona porque no soporta actuarse a sí misma en el proyecto teatral de Caden.


Tammy: Es la actriz que interpreta a Hazel en el teatro, generando conflictos amorosos entre Caden, Hazel y Sammy.

Olive: Es mostrada en su niñez en los paseos con Caden. Durante su estadía en Berlín es recreada a través de un diario que encuentra Caden y que representa su puente para imaginarla. Gran parte del delirio del personaje se desata por la soledad y la nostalgia de no ver crecer a su hija. Lo vemos ir a un prostíbulo y confundirla con la mujer tatuada que le baila desnuda. Y luego más adelante, en una escena cargada de nostalgia y poesía, vemos a padre e hija en los últimos instantes de  la vida de Olive, encerrados entre rencores, sinsentidos y tristezas.

Sammy: Es el actor que representa a Caden en la escenificación diaria de la vida del protagonista. Es la otra parte de Cotard, su espejo, en el que se explora a través de la ficción. En él Caden se ve, se busca, se prolonga, se recrea, se fragmenta y se reconstruye. La otra parte de Caden que es Sammy sí hace todo lo que el protagonista no ha hecho, conquista a Hazel como nunca el propio Cotard lo hubiese hecho, y se suicidad como no lo hizo en lo “real” Caden.

Ellen: Es el personaje ficcional femenino con el que termina confundiéndose Cotard al final de la película. La limpiadora que aseaba la casa de Adele en los imaginarios de Caden.

Psiquiatra: Es el personaje con el que se explora el humor negro y agudo en la película. Escucha durante años a Caden y le ofrece estrategias patéticas para salvar su vida. Toda ella es una burla al psicoanálisis que no alcanza a acercarse mínimamente a los estados del personaje. Todos los intentos de curar a Caden se traducen en momentos “verrugosos”.

En el drama al inicio de la película predomina un tono hiperrealista que luego en la tercera parte es fusionado con el surrealismo y la combinación de realidades y ficciones. Pero además la carga simbólica del personaje y el teatro como centro adicionan un aire poético que profundiza las escenas románticas, nostálgicas y satíricas, es en éstas escenas  donde Kaufman explora al máximo el lenguaje visual, y en especial el arte de la imagen.

Todo el montaje de la obra está enfocado en la conjugación de realidades. La secuencia de planos, en la tercera parte especialmente, crea un laberinto entre lo que es “real” y lo que es ficción. Y en lo referente al tiempo, a lo largo de la película en términos de historia transcurren aproximadamente treinta o cuarenta años; y ciertas escenas y el envejecimiento de Caden muestran en forma de indicio la cantidad de años que han transcurrido entre un suceso y otro. Aunque el tiempo total esté encerrado por otro juego ficcional, de en un minuto, que se traduce con el reloj que aparece al inicio de la película dando las 7:44 am, y al final dando las 7:45 am mientras Caden dice que tiene una nueva idea y muere.

La música aparece especialmente en los momentos de romance con Hazel, cuando se presenta como un guiño que agudiza el humor irónico, o cuando se intensifican los recuerdos, imaginarios y tristezas de Caden al pensar en Adele y Olive. Por otro lado, el diálogo complementa totalmente el delirio de múltiples realidades en el que vive el personaje, es a través del guión que se nos revela la complejidad del protagonista, lo que piensa y siente frente a la vida y al teatro, e incluso lo que es cuando se cree el sinécdoque de todas las personas que ha conocido y amado, esto último mostrado en una especie de monólogo interno con una voz de micrófono que le habla y le ordena sus últimas ideas al final de su vida.

La universalidad de Sinecdoche, New York se representa en la búsqueda de sentido a la que el personaje se arroja escenificando su vida, pretendiendo hacer una sinécdoque por medio de una obra teatral, de todos los componentes de su existencia y de las vidas de todos los que ha querido. El tema entonces se traduce en el juego realidad-ficción cuando en el arte se pretende hurgar y comprender  la condición humana.


Lectura Valorativa.

Sinecdoche, New York es una película que no sólo cuenta una historia, mostrando una trama y la movilidad de sus personajes, sino que además es una obra artística que juega con todos los componentes audiovisuales elevándolos a un nivel estético. En ella cada elemento está cargado de simbolismos, y aunque la película por su complejidad y su ritmo, que es más bien lento, tiende a generar peso, enredar y confundir al espectador en laberintos visuales y emocionales; también obliga  a hacer de ella una lectura detenida y cuidadosa para entender el juego de Kaufman con la mezcla de realidades.

 La película constituye  un reto audiovisual, no solo por su complejidad al momento de entender la historia y la secuencia narrativa, sino también por los diversos estados que despierta. Con esto su valor artístico podría representarse en la generación de catarsis y de infinitas preguntas que se hace el espectador  mientras  ve la carga emocional de Caden Cotard a lo largo de su vida, inquietudes que al final no sólo se enfocan en lo que está pasando en la película sino que se trasladan también a la experiencia y el universo propio del espectador.
Finalmente, la película se caracteriza también porque permite en cada vez que se le vuelve a ver, hacer infinitas relecturas desde lo cinematográfico y desde su significación.













jueves, 26 de abril de 2012

Sinecdoche, New York.


Sinecdoche, New York es una película escrita y dirigida por Charlie Kaufman y estrenada en el 2008 en Estados Unidos. En este drama  toda Nueva York es recreada  y replicada en un almacén. Y toda la vida de Caden Cotard es expresada en una obra de teatro interminable, que no recibe los aplausos de un público porque nunca se estrena. Kaufman debuta con su primera película dirigida mostrándonos un director de teatro que delira entre la ficción y la realidad, tejiendo  las tramas de su vida entre ensayos escénicos que jamás tienen audiencia.

Durante la película el espectador es sumergido en una exploración profunda del sinécdoque, figura retórica que expresa el todo a través de una parte. Caden pretende hurgar en las profundidades de su “jodido ser”, hallar “el inicio del pensamiento en el teatro”  y encontrar la verdad que hay detrás de su vida. Cada evento de sus días se convierte en una nota registrada en el papel que luego es actuada, con esto el personaje interpretado por Hoffman, pretende acercarse a un todo que contenga en un solo misterio sus ilusiones y sus decepciones. Su obra es una pieza que busca contener el amor, el miedo, el abandono, la soledad, la nostalgia, el delirio y la muerte. Al final envejece sin encontrarle  un título apropiado y muere mientras repite, después de muchos años,  “tengo una idea, ahora sé cómo hacerlo…”



El escenario de Cotard que es también su vida,  es una pequeña Nueva York  donde habitan actores que viven el teatro para actuar la vida de Caden, mientras otros actúan también la vida de estos actores.   Todo lo que le ocurre al personaje es revelado y representado en la pequeña ciudad, incluso sus sueños y sus delirios. Cada pared levantada en el interior del almacén es una réplica exacta de los lugares  donde ha estado el personaje. Hacia el final de la película la verdadera Nueva York se ha perdido en la locura de Caden, y  se le ve caminar en su pequeña ciudad ficcional, la única que existe para él, hasta que el espectador asiste a su muerte en los brazos de una actriz.


Al inicio de la película un reloj marca las 7:44 am y se despliega una secuencia de escenas en las que se develan los planos de la vida de Caden. En su casa Adele, su esposa, habla todo el tiempo con su amiga María, y atiende a su hija Olive como asistiendo a un trabajo por obligación.  La relación de los dos esposos se torna distante e indiferente. Caden espera la presencia de Adele en el estreno de una obra, y ella mientras pinta en miniatura, se droga y fantasea con la muerte de su esposo.

El primer giro de la película se presenta cuando Adele decide ir con Olive a una exposición en Berlín, dejando a Caden en Nueva York. Promete volver en un mes pero jamás regresa. En esta segunda secuencia se agudizan las enfermedades físicas del personaje, la soledad y la nostalgia por el abandono lo empiezan a acercar al delirio, y  pierde la noción del tiempo,  un año le parece una semana, y después de siete años sigue pensando en su hija como una niña de cuatro. Mientras vemos al personaje muriéndose, presenciamos a su lado a Hazel, la recepcionista del teatro donde  Caden trabaja, una mujer divertida que lo acompaña mientras le expresa su enamoramiento.

El segundo giro de la película se da cuando recibe en su casa una carta que le anuncia una beca MacArthur y decide realizar un proyecto teatral macro, que se convertirá en el sinécdoque de la Nueva York de sus recuerdos y sus sueños. Una obra en la que actúa cada elemento de su vida y en la que su vida  se hace obra.

Al inicio de la película conocemos la vida de Caden a través de su cotidianidad. Las escenas de la primera secuencia presentan los indicios del conflicto que se plantea más adelante. A medida que pasan los minutos, las escenas se amplían a todos los planos de la vida del personaje, éste aparece con una carga mucho más profunda a medida que se le ve acercándose constantemente a la muerte física y psicológica. Lo que viene después, es la inundación del teatro en la historia de Caden, en las imágenes del resto de la película.

 El conflicto del protagonista explota y se desarrolla totalmente después del segundo giro. Si la película al inicio conservaba un tono hiperrealista, en esta tercera parte  se conjuga con el surrealismo, y el drama del personaje se intensifica con imágenes altamente poéticas como el pétalo que se desprende del tatuaje de Olive después de morir. La paralización del mundo el día de la muerte de Hazel que se expresa en una escena de estatuas. O Caden frente a miles de hojas de papel que conservan los instantes más importantes de su vida, los mismos que en ese momento le definen su tiempo.

Caden Cotard el director de teatro que termina mezclando la ficción y la realidad, termina también confundiéndose con un personaje femenino que asumió para estar más cerca de Adele.  Y al final, cuando se reconoce como Ellen, sintiendo y muriendo como ella, el espectador asiste a una metáfora del sinécdoque en la que el personaje comprende que él puede ser Caden, pero también Ellen, Adele, Olive, Hazel, Sammy y todos los demás personajes que lo acompañaron en su realidad y en su delirio. Que él fue una parte de todos y todos fueron una parte de él.

Los colores predominantes de la película siempre son azules opacos, el gris y el negro. Excepto por las escenas en las que aparece Hazel, en las que siempre está vestida de naranja o rojos. La casa de ella es amarilla con verdes, rojos y azules fuertes, y el fuego siempre está encendido hasta el día de su muerte.  Este juego de colores actúa oportunamente en la construcción de los personajes, los colores de Hazel revelan su personalidad y lo que representa en la vida de Caden, que siempre se mueve entre grises y negros, hasta que al final muere sentado en un sofá blanco, color de la última imagen de la película.

Si ya antes Kauffman era reconocido por la genialidad de sus guiones, en Sinecdoche, New York no sólo lleva a la máxima exploración la creación de la trama que nos presenta, y de los diálogos que interpretan actores como Hoffman, sino que además nos deleita con juegos cinematográficos que  sumergen al espectador en una experiencia altamente semántica y estética, que desborda los límites del lenguaje audiovisual.
 
Ejemplo de lo anterior, es el juego de sombras con Sammy en la escena en la que a Caden le avisan de la muerte de su padre, mientras está teniendo sexo con Claire. El audio que se introduce en la mayoría de las escenas en las que están Caden y Hazel que expresa el valor romántico de la película. Y el monólogo que recita el padre en la escena teatral de un entierro. 

También lo son: Los juegos del tiempo en toda la película,  expresados al inicio en un diálogo con Hazel, a través de la carta de la beca McArthur, las citas de Cotard al odontólogo; y al final a través del aspecto del personaje y el crecimiento de Olive que él sigue o construye a partir de imaginarios en torno al diario de su hija. La carga semántica y narrativa que se imprime en las imágenes donde aparece Sammy como un misterio en las primeras partes de la película. Y después, cuando se muestra a Caden, a Sammy y a un actor que interpreta a Sammy en una misma imagen, expresando tres niveles de una misma historia o la meta-historia de tres personajes distintos.

Kaufman nos propone en su película el seguimiento de un personaje que se arroja a la búsqueda de una verdad total de los misterios de la vida, su mayor exploración la hace a través del teatro. Hoffman un hijo del teatro antes que del cine, nos recrea los sentimientos más profundos del personaje en cada gesto interpretado y logramos ver su envejecimiento en las ficciones que se construye para meterse en ellas, buscando habitar en su vientre para comprender desde allí el sentido de su vida. Entre el amor, el abandono, la soledad y la locura, el tema predominante que nos propone el director es la búsqueda de sentido de la vida y lo hace desde una mirada existencialista que se fusiona con los delirios ficcionales y las múltiples personalidades de Caden.

En este drama, mientras cada minuto aumenta el peso del personaje y de su nostalgia, nunca nos quedamos sin el toque de humor que Kaufman imprime en los momentos más absurdos de la tragedia del personaje, con un humor negro suaviza en algunas escenas los momentos más tristes, mientras en otros muestra el patetismo de ciertos escenarios de la vida de Cotard.

El juego de realidades interpuestas en la película y el personaje flotando entre ellas, ponen también a flotar al espectador entre delirios, sueños, imaginarios, escenas “reales” y escenas teatrales. Al final, el teatro de Caden abandonado y él caminando en las calles de su pequeña Nueva York, esta vez sin buscar. Los actores han muerto, Sammy se ha suicidado, Hazel, Adele y Olive también han muerto. Y él muere diciendo que una nueva idea se la ha ocurrido y que ahora si sabe cómo hacerlo. Muere y una imagen en blanco llena la pantalla, la película se acabó y le sigue un silencio largo desde la mirada del espectador, ¿Qué pasó? ¿Se acabó? ¿Eso era todo?  ¿Una confusión de tiempos y delirios, y se acaba en una muerte?

Eso era la vida de Caden, el sinécdoque de su existencia y sólo le queda al espectador devolverse cuantas veces quiera en la imagen que lo atrape, ver la película y enfrentar la experiencia cinematográfica, estética y filosófica que le propone, o simplemente tirarla porque el sinécdoque de imágenes, emociones y pensamientos que suscita parece puesto por Kaufman a la medida perfecta de cada quién, para que decida a tiempo si asume o no este reto audiovisual. Porque Sinécdoque no es sólo una película que entretiene entre las risas nostálgicas, absurdas y nerviosas que genera, sino también una propuesta artística que le plantea al espectador preguntas, inquietudes y angustias sobre la existencia y la vida.

Se nos muestra un personaje para reír, llorar, sentir, pensar y silenciar. El final cerrado no da posibilidades de jugar con la continuación de la historia, en la película cierra la muerte como en la vida. Lo que queda después, es el telón blanco que  finaliza la ficción de Caden a las 7:45 para introducir al espectador en sus propias ficciones.


   






jueves, 8 de marzo de 2012

Being There



El jardinero que no tiene pasado lo descubrimos o en el jardín de una casa o frente al televisor. Nunca aprendió a leer ni a escribir, todo lo que sabe lo conoce por las plantas y la TV, y aún así termina convirtiéndose en el consejero del presidente y en una figura mediática del que se conoce apenas el apellido Gardiner. Lo que sabe le ayuda a comprender el mundo, su pequeño mundo delimitado por la  influencia de lo que ha visto en la pantalla. Cuando tiene que salir de la casa en la que vivió siempre, sólo lleva su maleta, el control del televisor, y los pies y la voz para preguntar si alguien necesita un jardinero.


Lo único que sabe Chance es que le gusta ver televisión. Cuando se le ve frente al televisor para él no existe nada más y sólo a partir de las imágenes y los sonidos que emite la pantalla, él se relaciona con el mundo exterior aunque nunca haya salido de la casa. No sabe qué es el amor, ni el sexo, ni la economía, no podría dar una definición técnica o conceptual de cada elemento de la vida, aunque la gente “importante” crea y asegure que él ha estudiado ocho idiomas con los que seguramente podría decir ocho veces de manera distinta  la palabra economía. Le da un beso a Eve imitando una escena que presentan en la TV. Y le soluciona las dudas económicas al presidente hablándole del ciclo natural de la vida de una planta que cambia dependiendo de las estaciones del año. Si le preguntan si  quiere o le gusta un auto él responde acorde a su estado, a su sensación.  Ha vivido junto a la pantalla, y su cúmulo de experiencias se resumen en la cantidad de sensaciones momentáneas que le ha generado determinada programación hasta el instante en que se aburre y cambia de canal. Por eso los cambios de su vida, que no siente profundos ni trascendentales, están relacionados con la manera superflua como han transcurrido su días, si algo no le gusta sólo se trata de jugar al zapping.


El personaje es una caricatura del televidente fanático, del espectador que reduce su vida al entretenimiento que le ofrece la pantalla, y que nunca sale de casa porque para enterarse y no enterarse  de lo que sucede  afuera tiene el televisor en cualquier rincón. Chance tiene un mundo construido con los referentes de cada programa, película o comercial que ve, vive acorde a lo que aprendió viendo en la pantalla, y en medio de la forma tranquila y sencilla en la que concibe su vida, también es un ser solitario que no sabe mucho de los otros habitantes de la tierra, que no tiene relaciones fuertes ni vínculos afectivos con otros, que no está enterado que es un humano  más allá de lo que le exige su cuerpo, y en especial sus ojos. Sólo imita,  actúa y juega dependiendo de lo que quiere en cada momento como un niño. No se detiene a pensar quién es  ni le importa, sólo deja que todo suceda y cuando algo no le gusta controla con un botón y cambia el canal.


Chance es un hijo de la época audiovisual que no necesitó  nunca salir de su casa porque el mundo lo tenía en la sala, en la habitación y en la cocina a través de la pantalla.  Él es una representación de la sociedad idiotizada y controlada por los mensajes que emite la televisión, sociedad de seres solitarios que saben de los otros a través de los que entretienen en un programa, y del exterior, a través de mensajes publicitarios. Por eso aunque Chance haya visto el mundo dentro de una caja, cuando sale de casa, no logra reconocerlo ni hallarse en él, pasea por las calles como un extranjero curioso que va de paso, y sólo se queda a gusto en el lugar donde tiene asegurada la posibilidad de controlar su vida presionando una tecla.


Ben le dice a Chance que es su amigo porque es de los poco hombres que tiene el “don de ser natural”. El jardinero se sorprende al entrar a un ascensor, todo lo que conoce lo vio siempre en el televisor y al entrar en contacto con el mundo, al palparlo y caminar sobre él, se sorprende con el asombro de un niño, comportamiento que resulta absurdo e incomprensible para quienes un ascensor es un elemento constante en la cotidianidad. En el mundo de Ben, un hombre que dice tranquilamente lo que piensa y siente en cada momento de la vida sin detenerse en lo que es prudente, pertinente o correcto, y que se entusiasma por conocer al presidente porque lo ha visto en la televisión más que porque sea el presidente; es una excepción que lo lleva a repensar en sus últimos días de agonía que “la vida es un estado de ánimo”. Chance por otra parte, sabe de la muerte de Ben como de la muerte de las plantas, sus conmociones están ligadas a las reacciones que le genera lo que ve en el televisor, por eso el resto del tiempo permanece extremadamente tranquilo, indiferente frente a lo que le dice Ben, el presidente, el médico o Eve.  


Cuando empieza la película las primeras imágenes que nos llegan de Chance es él en los lugares de una casa donde se desarrolla su vida, con el televisor en el centro de la escena. Al finalizar aparece caminando sobre un lago que se creería profundo,  pero esta vez no lleva un control sino el paraguas sobre el que se sostiene.  En esta última imagen el jardinero camina sobre el agua sin hundirse en el lago, sus pasos sólo avanzan sobre la superficie, sin los obstáculos que implicaría la profundidad del lago.  Simultáneamente, al otro lado del cementerio, las máximas figuras del poder político avanzan cargando el ataúd de Ben mientras discuten la posibilidad de convertir a Chance en el próximo presidente. El jardinero superficial, fácilmente moldeable, hijo y discípulo de los medios, que “consecuentemente” se convirtió en figura mediática, es el títere postulado para controlar y manejar el país aunque él no lo entienda. 

Si durante la película Chance representa al televidente “educado”, encantado, controlado y manipulado por la televisión, al final cuando es la opción más favorable para la presidencia, pasa a representar la fuerza masiva del cuarto poder.  Símbolo de lo anterior es también la forma en la que él, siendo un icono del espectador condicionado por los medios, logra influenciar en el presidente hasta convertirse en el hombre que todos siguen, a quién todos le creen. Aunque él solamente le cree al televisor. Finalmente en la película lo que vemos más allá del personaje maravilloso, simple y encantador que es Chance, tal cual como lo es el televisor; es un juego de la relación Medios- Chance (sociedad) - Medios.


El jardinero superficial, fácilmente moldeable, hijo y discípulo de los medios, que “consecuentemente” se convirtió en figura mediática, es el títere postulado para controlar y manejar el país aunque él no lo entienda. Si durante la película Chance representa al televidente “educado”, encantado, controlado y manipulado por la televisión, al final cuando es la opción más favorable para la presidencia, pasa a representar la fuerza masiva del cuarto poder.  Símbolo de lo anterior es también la forma en la que él, siendo un icono del espectador condicionado por los medios, logra influenciar en el presidente hasta convertirse en el hombre que todos siguen, a quién todos le creen. Aunque él solamente le cree al televisor. Finalmente en la película lo que vemos más allá del personaje maravilloso, simple y encantador que es Chance, tal cual como lo es el televisor; es un juego de la relación Medios- Chance (sociedad) - Medios.